viernes, 9 de septiembre de 2011

Esperanza Arrebatada

Sonaba el despertador a las 6:30 de la mañana y Alfredo se levantaba a duras penas, con la angustia y la pesadez de haber pasado una mala noche, cosa que se llevaba repitiendo desde hacia ya varios meses, lo primero que hizo fue ir directamente al salón de estar y encender el televisor, mientras sacaba un antidepresivo de una mesilla del salón, escuchando las primeras noticias de la mañana, pero para él eran palabras mudas, cosas que ya no tenían ningún sentido ni motivo por el que prestarles atención, solamente intentaba hacer su vida más común.



Pudo observar que tenía un mensaje en el contestador automático de su teléfono fijo, se levantó, dio a un botón para escucharlo y mientras lo escucha el se aseaba el mensaje decía: “Alfredo, ¿Cómo te encuentras? Llamaba para saber como estabas, en la oficina estamos bastante preocupados, han pasado ya tres meses y aún no has podido levantar cabeza, sabes que nos tienes para lo que necesites y que tienes nuestro apoyo, espero que estés bien amigo… hasta luego.”



Alfredo escuchó el mensaje, pero puso el mismo interés como quien oye el sonido del viento, este tipo de mensajes de sus compañeros de trabajo venía ya repitiéndose desde unos días atrás, pero Alfredo no tenía ninguna intención ni de devolver sus llamadas, ni de decirles cómo se encontraba ni nada parecido, mostraba un desprecio y despreocupación muy grandes hacia la compasión de sus compañeros. Ya vestido y aseado se puso la chaqueta, cogió el maletín y bajo a la calle para ir hacia el trabajo, siempre iba sobrado de tiempo y al haber poca distancia desde su casa al trabajo, decidió ir andando. Estaba lloviendo y Alfredo se sumergió en sus pensamientos… dicen que el agua purifica y pensó: “Ojala fuera verdad”



Después de un leve día de trabajo decidió ir a un bar cualquiera a intentar ahogar sus pensamientos en Alcohol, como el decía se confesaba ante San Cacique del amor hermoso, pero tras la primera copa pasó algo que hizo que le diese un vuelco al corazón, tan fuerte que hasta le hizo daño. Vio a una mujer bellísima en aquel bar, pero no fue su belleza lo que provoco esa sensación sino que ésta tenia una belleza muy similar a su difunta esposa, no puedo evitar que de repente vinieran imágenes a su cabeza de la muerte de su esposa.



Hacia ya 3 meses que Alfredo tuvo un catastrófico accidente de coche, que acabó con la vida de su esposa y él salió ileso. El gran motivo del accidente fue que Alfredo llevaba con insomnio como unos 4 días, prácticamente nadie es capaz de aguantar tanto sin dormir, una noche en la que él y su esposa volvían a casa, Alfredo perdió las fuerzas y se durmió, lo que le despertó fue tan impactante que no pudo hacer nada por evitarlo, se cruzó al carril contrario y de frente le vino un trailer, él no tuvo reflejos para dar un volantazo, pero el conductor del trailer si, consiguió dar un volantazo y esquivar el estrepitoso choque pero dio un grandísimo golpe a toda la parte del copiloto, el trailer de la velocidad y el volantazo, pasó por encima, arroyando toda la parte del copiloto, tras dar tres vueltas de campana el coche terminó en el arcén, recordar ese hecho hizo que se le cayera encima de los hombros la culpabilidad del mundo entero, no podía sentirse más desgraciado, pero pronto salió de sus recuerdos al ver que la mujer que había visto se acercaba hacia su mesa.





Ella sonrió y dijo: “Perdona, ¿Este sitio está ocupado?

-          No, no… puedes sentarte…  estoy… solo.

-          Gracias, ¿Puedo preguntar por qué estás solo?

-          Simplemente no me apetece estar con nadie.

-          Vaya… Bueno me llamo Estela y soy psicóloga, ¿Estás bien? Me hablas como si me estuvieras haciendo algo malo

-          No, no… lo siento… es que me recuerdas a alguien a quien no estoy preparado para ver…



La mujer, bellísima, transmitía una confianza y cariño terribles, Alfredo se sintió sobrecogido y por una vez en tres meses no pudo evitar abrirse a alguien, cambió su Ron por un café y tras una larga conversación con esa mujer cambiaron todas sus expectativas radicalmente.

Al terminar la larga y agradable conversación Alfredo sonreía y la mujer le pasó una nota con su número de teléfono, le dio un beso en la mejilla y le dijo que la llamara.



Minutos más tarde Alfredo abandonaba el bar más contento que nunca, gracias a Estela había conseguido eliminar esa sensación de culpabilidad, decidió que dejaría de tomar la medicación y que llamaría a sus compañeros para agradecerles todo el apoyo que le habían dado en ese tiempo.



De camino a casa, volvió a sucederle algo inesperado, un hombre joven, flaco, carcomido por la droga y por su sed de chutarse le asaltó, pidiéndole todo el dinero que llevase encima, Alfredo mintió, dijo que no tenía nada para evitar que un deshecho social le fastidiase la noche, su estupenda noche, el drogadicto sacó un revolver del bolsillo y le obligó a darle el abrigo… Alfredo se lo pensó, pero no cedió dijo que no, al verse superior físicamente al drogadicto tomó valor e intento arrebatarle el arma pero para su sorpresa una bala ya se estaba introduciendo en su pecho, volvió a sentir un vuelco en el corazón pero esta vez, de dolor y angustia. Alfredo perdió el conocimiento, la calle estaba muda, no había nadie, y todos sus sueños y nuevas esperanzas se hundían en ese profundo charco de sangre.